Diario de arquitectura
Publicado en la revista comunicación 21 el 26 de mayo de 2023.
![Viñeta satírica de en Cascabel de un diario del 1912 de la Casa Milà de Antonio Gaudí. Recientemente, se ha popularizado en las redes sociales un vídeo [...]](https://hazarquitectura.com/wp-content/uploads/2023/05/vinyeta-picarol-diari-1912-la-pedrera.jpg)
Viñeta satírica de en Cascabel de un diario del 1912 de la Casa Milà de Antonio Gaudí.
Viñeta satírica de en Cascabel de un diario del 1912 de la Casa Milà de Antonio Gaudí.
Recientemente, se ha popularizado en las redes sociales un vídeo de 1908, en blanco y negro, de un tranvía circulando por las calles de Barcelona. La cámara va a bordo, en la posición del conductor, y se puede observar la vida barcelonesa de la época y su arquitectura. No se ve el tranvía en ningún momento, pero se sobreentiende, ya que se desplaza sobre los raíles incrustados en el pavimento adoquinado, cruzándose con otros tranvías que circulan en sentido contrario.
El vídeo comienza subiendo el final del paseo de Gracia, justo después de cruzar la Diagonal, en el tramo inmediato al inicio de la calle Gran de Gracia, lo que hoy conocemos popularmente como Jardinets de Gràcia. La curva que toma el tranvía, esquivando un quiosco de fotografía para enfilar Gran de Gracia, permite datar la filmación. Detrás del lugar que ocupa el quiosco, se levantan las primeras columnas que formarán la estructura de la Casa Fuster, obra del arquitecto Lluís Domènech i Montaner.
La distancia en el tiempo hace que nos sorprendan cosas muy normales para quienes vivían en aquella época, como la cantidad de gente que iba en bicicleta por la ciudad y que, a falta de semáforos, cruzaban desordenadamente frente al tranvía. También llaman la atención la vestimenta y los sombreros. ¡Hace cien años todos llevaban sombrero, incluso los niños!
Vemos los magníficos bancos-farola de Pere Falqués, erróneamente atribuidos con frecuencia a Antoni Gaudí, que, a diferencia de ahora, estaban presentes en ese tramo de calle. También glorietas con pedestales decorativos como las del Cinc d’Oros, que el propio Falqués diseñaría unos años más tarde en el cruce del paseo de Gracia con la Diagonal. Carros, caballos, mucha gente vestida de domingo y muy pocos coches. Una grabación que probablemente se hizo más con la intención de probar la incipiente tecnología del registro cinematográfico que de documentar la ciudad, se nos presenta hoy como una crónica inestimable de aquellos años.
Las hemerotecas se convierten en una auténtica crónica de cada época, un diario de arquitectura de nuestras ciudades donde se deposita el paso del tiempo, haciendo que las cosas más simples llamen hoy nuestra atención
El relato de nuestros días es de capital importancia. Lo que hoy nos puede parecer común o poco destacable cobra gran relevancia visto unos años más tarde. Podríamos decir que la crónica es la forma más simple y, al mismo tiempo, más sofisticada de periodismo. Más simple porque puede parecernos un mero registro cronológico de un evento para el que no se requiere demasiado talento periodístico. Pero inventariar la ciudad no tiene nada de simple. Como nos recordaba el escritor Georges Perec, “hay pocos acontecimientos que no dejen al menos una huella escrita, un billete de metro, una nota al margen de un diario”. Hacer inventario, dejar registro escrito de la frenética y complicada actividad de la sociedad y de nuestras ciudades, exige un elevado nivel de sofisticación literaria.
A pocos metros más abajo del paseo de Gracia podríamos haber visto la obra en curso de la Casa Milà, de Antoni Gaudí, que no se finalizaría hasta dos años después del vídeo del tranvía. Entonces, los diarios no se limitaron a recoger simplemente la noticia de su inauguración, sino también las encendidas opiniones de sus ciudadanos. La crítica que recibió el inmueble fue demoledora y acabó determinando el nombre con el que se le conoce popularmente. Gaudí proyectó un edificio masivo con un muro de piedra que fue modelando poco a poco, en una tarea obsesiva por ir encajando la fachada colgante bloque a bloque. La ciudadanía, que durante cuatro años observó el proceso, bautizó el edificio de manera despectiva como La Pedrera (“la cantera”) y la prensa recogió dibujos satíricos que exageraban esta condición.
La crítica de arquitectura es un reflejo fiel del interés que los espacios y los edificios de la ciudad suscitan entre sus habitantes. Juega un papel fundamental para la creación de un estado de opinión, un posicionamiento crítico necesario sobre la construcción de nuestras ciudades. Vista en perspectiva, nos aporta una valiosa información sobre el pensamiento y la vanguardia del momento. Como se encargaba de recordarnos Oriol Bohigas, en nuestra cultura siempre hemos celebrado con interés la inauguración de una nueva plaza o un edificio; nos gusta formarnos nuestro propio juicio, habitando estos espacios y participando del animado debate cultural que se genera alrededor.
La agitada agenda diaria nos impulsa a consumir constantemente noticias de eventos extraordinarios, pasando por alto las cosas más comunes, lo ordinario. En este sentido, las hemerotecas se convierten en una auténtica crónica de cada época, un diario de arquitectura de nuestras ciudades donde se deposita el paso del tiempo, haciendo que las cosas más simples llamen hoy nuestra atención.
El mismo Georges Perec, en su libro Especies de espacios, decía:
“Nada llama nuestra atención. No sabemos mirar.
Hay que ir más despacio, casi con torpeza. Obligarnos a escribir sobre lo que no tiene interés, lo que es más evidente, lo más común, lo más apagado.
La calle: tratar de describir la calle, de qué está hecha, para qué sirve. La gente en las calles, los coches. ¿Qué tipo de coches?
No decir, no escribir ‘etc.’ Obligarnos a agotar el tema, incluso si parece grotesco, fútil o estúpido. Todavía no hemos mirado nada, solo hemos inventariado lo que desde hacía tiempo habíamos inventariado.
Obligarnos a mirar con más sencillez”.