La ventana indiscreta

Publicado en la revista Línea XARXA el 2 de noviembre de 2023

El revuelo organizado en torno al proyecto de remodelación del [...]

Vista del Estadio Olímpico de Tokyo, del arquitecto japonés Kengo Kuma, desde una habitación del hotel Mitsui Garden Jingugaien, obra de los arquitectos japoneses Nikken-*Sekkei. Fotografía aportada por el autor

Vista del Estadio Olímpico de Tokyo, del arquitecto japonés Kengo Kuma, desde una habitación del hotel Mitsui Garden Jingugaien, obra de los arquitectos japoneses Nikken-*Sekkei. Fotografía aportada por el autor

El revuelo organizado en torno al proyecto de remodelación del estadio del FC Barcelona no deja de ofrecer capítulos dignos de una película de suspense.

Desde su inauguración en 1957, el estadio que diseñaron el arquitecto Francesc Mitjans junto a Francesc Soteras y Lorenzo García Barbón ha ido experimentando diversas transformaciones.

La de 1982, dirigida por los propios Medios y Soteras para ampliar su capacidad para el Mundial del Naranjito, supuso añadir una tercera gradería y unas rampas colgadas en el acceso Este que, junto con la brutal fachada de hormigón armado, acabó desfigurando el proyecto original. El colofón final se produjo a finales de los años 90, cuando hubo que rebajar la cota del césped casi tres metros para compensar la pérdida de aforo por el hecho de tener que ubicar a todos los espectadores en asientos. Esto acabó desequilibrando las panópticas, la visión completa del campo que todo el público debe tener, lo que obligaba a plantear una futura remodelación en profundidad que hasta la fecha no se ha podido llevar a cabo.

Tras el intento fracasado de 2006 de otorgar este proyecto al hambriento Norman Foster, el arquitecto de la antena de comunicaciones del Tibidabo, en 2014 se convocó un nuevo concurso que ganó el despacho de arquitectura japonés Nikken -Sekkei, junto a los catalanes Pascual-Ausió.

Este proyecto lo desarrollan ahora los nipones, pero junto con otro despacho barcelonés, B720, autor, entre otros, de la cubierta reflejada del Mercado de los Encants de les Glòries. Algo ocurrió con el primer despacho catalán que hizo que desistiera de continuar con el proyecto.

Antes, con el cambio de presidencia del Barça, Laporta aprovechó para sacar el proyecto a sus autores y darlo a un par de ingenierías locales para que desarrollaran la arquitectura, por un lado, y las instalaciones, por el otra, con la excusa de abaratar costes (están luchando para que no pase de los mil millones de euros) y acelerar el proceso de las obras.

La inspiración inicial surge de las más diversas fuentes. ¿Cuánto tienen de nuevo estas ideas y cuánto prestado?

Entre reclamaciones de autoría y con la implicación del Colegio de Arquitectos de Cataluña de por medio, ahora parece que el tándem japonés-catalán podrá seguir liderando la construcción de las obras como Design Guardian, pero manteniendo ambas ingenierías. La moda de poner nombres ingleses a los eufemismos para suavizar sus consecuencias ha llegado a la arquitectura. Esperamos que no se extienda. Si no, el intrusismo estará servido para que otras profesiones acaben desarrollando los proyectos de sus autores a precios más bajos. Bastará con que los contraten como Guardianes del Diseño.

Esto es algo que ya existe en otros países. En Brasil, por ejemplo, los arquitectos diseñan los edificios hasta la fase en la que se consigue la licencia de obras, lo que aquí llamamos Proyecto Básico. A partir de entonces aparecen las ingenierías, que se encargan de desarrollar el proyecto, como si no tuvieran que seguir tomándose decisiones de arquitectura después de dibujar las ideas básicas. Una falta de confianza en los mismos técnicos que concibieron la propuesta que hace que nos preguntemos por qué hacerles entonces el encargo. Con suerte, la empresa constructora encarga a veces a los arquitectos una especie de “vigilancia” para prevenir excesivas aberraciones del proyecto inicial.

Como explicaba Bruno Munari en su libro ¿Cómo nacen los objetos?, existe todo un proceso de creatividad y de experimentación ligado a la construcción de un edificio o al desarrollo de un objeto que no se puede reducir al hecho de haber tenido una buena idea. Hay cientos de decisiones que implican materiales, estrategias constructivas o adaptación a los medios disponibles que hacen que el diseño, por fuerza, deba ir adaptándose.

La idea inicial de un proyecto sirve de poco si después no hay oficio ni talento para ir tomando decisiones que lleven el diseño a buen término. La inspiración inicial surge de las más diversas fuentes. ¿Cuánto tienen de nuevo estas ideas y cuánto prestado?

Probablemente, los arquitectos de Nikken Sekkei, mientras levantaban su hotel Mitsui Garden frente al Estadio Olímpico de Tokio, del también arquitecto japonés Kengo Kuma, tuvieron siempre la inspiración en frente.

Como confesaba L.B. Jefferies, el fotógrafo interpretado por James Stewart en La ventana indiscreta, dirigida en 1954 por Alfred Hitchcock, una vez empezó a espiar a sus vecinos ya no pudo sacarles los ojos de encima.