Los sueños de Gaudí
Publicado en la revista Línea XARXA el 4 de diciembre de 2023
![Fotografía de la cama donde Gaudí pasó los últimos años, dentro de su estudio, a los pies de la Sagrada Familia. Foto: ‘El obrador de Gaudí’, de Josep Gómez Serrano, Ediciones UPC n.º 4. De vez en cuando, la eterna Sagrada Familia de Antoni [...]](https://hazarquitectura.com/wp-content/uploads/2023/12/LlitDeGaudi.jpg)
Fotografía de la cama donde Gaudí pasó los últimos años, dentro de su estudio, a los pies de la Sagrada Familia. Foto: ‘El obrador de Gaudí’, de Josep Gómez Serrano, Ediciones UPC n.º 4.
Fotografía de la cama donde Gaudí pasó los últimos años, dentro de su estudio, a los pies de la Sagrada Familia. Foto: ‘El obrador de Gaudí’, de Josep Gómez Serrano, Ediciones UPC n.º 4.
De vez en cuando, la eterna Sagrada Familia de Antoni Gaudí acapara la atención de los medios de comunicación. Estos días, con motivo de la iluminación de las torres de los cuatro evangelistas y del enésimo anuncio del aplazamiento de la finalización de sus obras, 140 años después de su inicio, la fotografía que acompaña estas líneas cobra un significado especial.
Hay personas que, al pasar por el mundo, cambian nuestras vidas con sus descubrimientos y sus creaciones; personas que siempre nos han fascinado. Y no solo por el legado que nos dejan, que perdura generación tras generación, sino porque su propia existencia, la forma de vivir su profesión con pasión, atrae poderosamente nuestra atención, como si pudiéramos descifrar su excéntrica genialidad observando lo que comían, lo que leían o los lugares que frecuentaban.
La fotografía muestra un rincón del taller donde trabajaba Gaudí, su obrador, a los pies de la Sagrada Familia, donde se ve una cama o, más bien, un colchón doblado y medio levantado rodeado de trastos y maquetas.
Se sabe que Gaudí tenía una residencia en el Park Güell a la que se había trasladado tras vivir en el Eixample barcelonés. Inicialmente decidió instalar una cama en su taller para pernoctar allí los días de tormenta, después de haber sufrido alguna caída al llegar al parque de noche y bajo la lluvia. Debía de ser toda una odisea ir desde la calle Mallorca hasta la montaña pelada de Can Coll hace más de un siglo. Una distancia que, seguramente, desalentó a las clases acomodadas que estaban destinadas a vivir en aquella ciudad jardín.
A medida que pasaba el tiempo, el trabajo en el templo lo absorbía tanto que lo que empezó siendo algo ocasional acabó convirtiéndose en habitual durante la última década de su vida. Gaudí prácticamente no salía de su taller para nada, entregado en cuerpo y alma a la creación de la basílica.
Rodeado de planos, esculturas y maquetas de yeso, el arquitecto se acostaba cada noche sumido en los problemas que suponía la concepción de su gran proyecto vital.
Gaudí no quería colaboradores en su estudio más allá de media jornada laboral. Necesitaba el resto del día para resolver encuentros geométricos, tomar decisiones estratégicas o realizar cambios de rumbo. También solía visitar a los artesanos que trabajaban el hierro forjado o la piedra, o bien invitaba a toda clase de personas, en su mayoría indigentes, como modelos para las esculturas que adornarían los interiores y las fachadas del templo.
La cama suele ser el lugar donde dormimos nuestras inquietudes y problemas, y donde solemos resolverlos.
Pero llegada la noche, se metía en su cama, llevándose consigo maquetas y otros materiales del proyecto, utilizando una larga mesa de madera como escritorio para arañar los últimos minutos de trabajo del día.
Podemos imaginar a sus aprendices despertando al maestro cada mañana, absorto en sus sueños reveladores, donde concebía espacios y vislumbraba lugares imposibles. Visto así, la cama era un elemento más de su taller; un instrumento imprescindible para capturar aquellas cosas que solo se desvelan en la vigilia del sueño.
La cama también fue el lugar desde donde el escritor francés Georges Perec construyó su decálogo de especies de espacios, haciendo un oportuno paralelismo entre el papel en el que escribía y su propio catre, de proporciones muy similares.
O la cama del Hôtel d’Alsace de París donde Oscar Wilde, contemporáneo de Gaudí, escribió sus últimas frases y que terminó siendo su lecho de muerte, afectado por una terrible meningitis que debilitaba su salud tras dos años de infame condena en Londres.
La cama suele ser el lugar donde dormimos nuestras inquietudes y problemas, y donde solemos resolverlos. El amanecer, el momento preciso para atraparlos en un trozo de papel si no queremos olvidarlos para siempre. Algo que Gaudí conocía, sin duda, cuando se iba a dormir con un lápiz en la mano.