Mecanoescrito del segundo Ensanche
Publicado en la revista linia XARXA el 9 de mayo de 2023.
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Plano de la frontera entre San Martín de Provenzales y Barcelona el 1910. Foto: Atlas de Barcelona s. XVI-XX
Plano de la frontera entre San Martín de Provenzales y Barcelona el 1910. Foto: Atlas de Barcelona s. XVI-XX
Hace solo 125 años, construir un edificio en medio de la calle en algunos lugares de Barcelona no solo era posible, sino también legal.
El Ensanche de Ildefons Cerdà comenzó a dibujarse hace 170 años sobre un territorio que rodeaba las murallas de Barcelona, pero que pertenecía a otros municipios como Sants, Hostafrancs, la Villa de Gràcia o Sant Andreu de Palomar.
El Plan del Ensanche de Barcelona se inició en 1859, pero sin contar con la jurisdicción sobre los municipios circundantes. Por tanto, por mucho plan de Ensanche que hubiera, para un promotor o una empresa era más importante alinearse, por ejemplo, con la calle Pere IV o la calle del Clot en Sant Martí de Provençals, que respetar el trazado de una futura calle, cuya construcción no estaba garantizada.
De este modo, en todos aquellos municipios donde Barcelona no podía gobernar, lejos de facilitarse el despliegue del Plan Cerdà, se seguía construyendo en espacios que debían haberse reservado para las nuevas calles. En 1876 se produjeron las primeras anexiones, pero no fue hasta 40 años después de su aprobación, en 1899, ya casi en pleno siglo XX, cuando se integraron los municipios más importantes como Sarrià, Sant Gervasi de Cassoles o Sant Martí de Provençals.
La verdadera y más radical diferencia entre el Ensanche derecho y el izquierdo tiene su origen en la falta de gobernanza de Barcelona fuera de su límite municipal hasta principios del siglo XX. Los planos de la época muestran un desarrollo desigual a ambos lados de la frontera entre Barcelona y Sant Martí. El lado izquierdo del Ensanche obedecía estrictamente al trazado y la geometría del proyecto, viendo florecer en sus calles los primeros edificios modernistas. En cambio, en el lado derecho del Ensanche, ajeno a las directrices del Plan Cerdà, reinaba cierta anarquía, con algunas excepciones de mentes más visionarias.
No obstante, esta visión de un futuro compartido precipitó finalmente la unión. El Plano de la Unificación de los Pueblos del Llano de Barcelona, dibujado por Ricard Alsina Amils en 1899, sellaba un ambicioso pacto basado en la certeza de que juntos les iría mejor. Había retos comunes que trascendían los intereses de cada municipio particular.
Por un lado, la imperiosa necesidad de salir de las murallas que asfixiaban una insalubre Barcelona azotada por la tuberculosis. Por otro, la oportunidad de negocio que todos veían en esta nueva tierra inhóspita, con nuevas calles, nuevos medios de transporte como el tranvía y nuevas tecnologías a implementar, como el gas o la electricidad, donde el impulso de Barcelona en la Exposición Universal de 1888 primero, y de 1929 después, acabó siendo determinante.
Los problemas de Barcelona hoy no son menores que los de principios del siglo XX; los límites de Collserola, el Besòs, el Llobregat y el mar son las murallas de entonces.
Los problemas de Barcelona hoy no son menores que los de principios del siglo XX; los límites de Collserola, el Besòs, el Llobregat y el mar son las murallas de entonces. Y las comarcas del Barcelonès, el Maresme, el Baix Llobregat y los dos Valleses, sus municipios colindantes.
Los retos tampoco son despreciables. La falta de suelo residencial, la necesidad de naturalizar las ciudades y combatir el cambio climático o una política de transporte metropolitano seria, para que elegir vivir en Sant Cugat, Tiana o El Papiol no dependa de la dependencia del coche, son algunos ejemplos.
Ampliar el tablero de juego es fundamental, y para ello también es necesario cambiar las reglas. No hay una diferencia morfológica real entre Sant Andreu de Palomar y Santa Coloma de Gramenet, o entre Sant Adrià de Besòs y Sant Martí, pero sí hay diferencias administrativas y políticas. La constatación de 1899 de que, bajo un mismo gobierno, las políticas territoriales de transporte, residenciales o de evolución de la ciencia y la técnica serían más efectivas, parece hoy encontrar muchas dificultades.
El Área Metropolitana de Barcelona, con 36 municipios y casi 3 millones y medio de personas, se presenta como una Torre de Babel con diferentes intereses y estrategias políticas.
Asistimos ahora a la reciente aprobación del Plan Director Urbanístico Metropolitano (PDUM), que ha tenido un largo debate y, como no podía ser de otra manera, un largo proceso participativo que concluirá a finales de octubre con la presentación de enmiendas. El PDUM deja atrás el manoseado PGM de 1976 (parece que nos gustan los períodos de 40 años), esta vez con la mirada puesta en 2050, pero sin verdaderos cambios a nivel de gobernanza política.
La evidencia de estar frente a un reto mayúsculo impulsó hace más de un siglo la unificación de los pueblos del llano de Barcelona bajo un mismo gobierno municipal. Hoy se escriben las páginas del origen del segundo Ensanche. El tiempo dirá si este territorio necesitará una nueva alcaldía.