Hablar con las manos

Publicado en la revista Comunicación21 el 21 de febrero de 2024

Hace una década, un pequeño grupo de arquitectos, profesores de [...]

Conversación con el estudiante Daniil Voronin para un desarrollo urbano en Admiralteysky, San Petersburgo. Máster BCNow UPC-Sreda 2014 [foto: Manuel Sánchez-Villanueva Beuter].

Conversación con el estudiante Daniil Voronin para un desarrollo urbano en Admiralteysky, San Petersburgo. Máster BCNow UPC-Sreda 2014 [foto: Manuel Sánchez-Villanueva Beuter].

Hace una década, un pequeño grupo de arquitectos, profesores de la Universidad Politécnica de Catalunya, desembarcaron en territorio ruso para impartir docencia de posgrado en arquitectura. Entre los alumnos se encontraban graduados de diferentes especialidades, no sólo en arquitectura, sino también en sociología, política o economía. El curso, titulado Building the City Now, se planteaba como un laboratorio de ideas abierto a diferentes especialidades, con la ciudad como escenario y ámbito de estudio.

Era un momento de una cierta apertura del gobierno de Vladimir Putin y San Petersburgo, una ciudad conocida como la Venecia del norte, fundada en 1703 por el zar Pedro el Grande con la intención de ser “una ventana en Europa”, fue el lugar escogido para la aventura.

El peso de la historia de la que fue Leningrado hasta bien caído el “telón de acero”, la dura climatología, pero sobre todo el idioma, con un alfabeto cirílico de una opacidad inicial desalentadora, gravitaba sin duda sobre aquel equipo de jóvenes profesores, entre los que ninguno hablaba una sola palabra de ruso.

El idioma que establecieron para la comunicación fue el inglés, a pesar de las dificultades de comprensión de muchos estudiantes rusos a los que probablemente los años de aislamiento respecto a Occidente todavía les pesaba.

Sin embargo, en pocas semanas la comunicación verbal o escrita entre profesores y alumnos dejó de ser un problema. Pronto descubrieron que el dibujo, probablemente el lenguaje más universal de nuestro mundo y la herramienta más común entre los profesionales de la arquitectura y el diseño en general, sería el principal sistema de comunicación y relación.

De la misma forma que una persona con dificultades de percepción en alguno de sus sentidos, acaba desarrollando más el resto, en este caso, las dificultades para expresarse oralmente o por escrito en un idioma que no les era propio potenciaron exponencialmente el uso del dibujo y de la expresión gráfica en general.

De manera accidental ocurrió lo deseable que ocurra en muchas clases de proyectos de arquitectura, y es que los estudiantes dibujen más. En otras palabras: que encuentren a través del dibujo una forma propia de expresarse y de representar sus ideas.

«Parece que, puestos a escoger, las personas preferimos hacer hablar nuestras manos, dando por bueno lo que una imagen vale más que mil palabras»

Lo realmente destacable en este caso es que el dibujo fue utilizado indistintamente por todos los alumnos, fueran o no arquitectos. Podríamos decir que, superado el miedo inicial de los no habituados a utilizarlo, el dibujo dejó de ser un patrimonio exclusivo de los arquitectos y pasó a ser una herramienta de comunicación de todas las personas. De alguna forma se despertó una habilidad innata para expresarse gráficamente, lo que hace que nos preguntemos qué fue primero en nuestra evolución como humanos, el lenguaje oral o el dibujo.

Como explica el arquitecto finlandés Juhani Pallasmaa en su libro La mano que piensa, existen teorías que consideran los gestos del cuerpo, y en particular de las manos, como la primera fase evolutiva hacia el lenguaje escrito y hablado. Al dibujar, añade, en realidad estamos tocando y oyendo los objetos que queremos representar.

Dibujar nos permite analizar y conocer el mundo. Son conocidos los descubrimientos en el campo de la neurociencia de Santiago Ramón y Cajal, por los que recibió el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1906. Un trabajo que básicamente consistió en calcar y dibujar de forma obsesiva sobre muestras de microscopio ampliadas de tejidos nerviosos , reconociendo sistemas y conexiones, que se desvelaban ante sus ojos mientras los repasaba con una estilográfica. La importancia de estos dibujos fue tal que el legado de Ramon y Cajal traspasó su propia disciplina, ya que inventó métodos de revelado y tinción que supusieron una revolución de las técnicas de representación fotográfica.

En la arquitectura y otras artes relacionadas con el diseño, el dibujo, además de una convención para representar un objeto o un edificio, es una herramienta de prospección y conocimiento. Es, como afirma Pallasmaa, el valor de la incertidumbre, una comunicación con nosotros mismos en busca de algo que desconocemos de antemano. Haciendo un paralelismo con el lenguaje hablado, el dibujo tentativo sería un balbuceo que permite a emisor y receptor utilizar un lenguaje impreciso para encontrar un punto de acuerdo.

Es frecuente que, en la discusión de un proyecto de arquitectura, los clientes nos acaben sacando el lápiz de las manos para explicarnos lo que no son capaces de transmitir con palabras. Parece que, puestos a escoger, las personas preferimos hacer hablar nuestras manos, dando por bueno lo que una imagen vale más que mil palabras.